¡¡Hola chicos y chicas!!
Aquí esta el tan esperado nuevo capítulo de "Amante Renacido".
Esta vez he tenido menos tiempo para corregirlo, por lo que pido mil disculpas si hay algún fallo en la traducción.
De todas formas.
¡¡Espero que os guste!!
NUEVE
La noche siguiente. Qhuinn se
encontraba en la esquina más alejada del estudio de Wrath, metido en la unión
de dos paredes azul pálido. La habitación era enorme, unos doce metros de largo
por doce de ancho, y tenía un techo lo suficientemente elevado para darte una
hemorragia nasal. Pero el espacio llegaba a ser asfixiante.
Otra vez, había una docena de
personas enormes embutidas en todo el remilgado mobiliario Francés.
Qhuinn sabía de la mierda Francesa.
A su madre muerta y enterrada le había gustado el estilo, y antes de que fuera
repudiado por su familia, le había dado la murga hasta la saciedad sobre que no
debía sentarse en su Louis-el-mierda-algo.
Al menos esa era un área donde no le
habían discriminado en su propia casa – sólo quería que ella y su hermana se
sentaran en esos delicados asientos. Él y sus hermanos no lo tenían permitido.
Nunca. Y su padre era tolerado con mala cara, probablemente sólo porque él era
el que había pagado por las cosas un par de cientos de años antes.
Lo que sea.
Por lo menos en el centro de mando
de Warth tenía sentido. La silla del rey era tan grande como un coche y
probablemente pesaba tanto como uno, sus resistentes y todavía elegantes tallas
lo marcaban como el trono de la raza. Y el enorme escritorio delante de él no
era exactamente apropiado para una chica, ninguno lo eran.
Esta noche, y como de costumbre,
Wrath parecía el asesino que era: silencioso, serio y mortal. Su esencial dama
anti-Avon. Junto a él, su reina y shellan, estaba tranquila y seria. A su otro
lado estaba, George, su perro Lazarillo, se parecía… bueno, un poco a una
postal. Pero es que los golden retiever era así: pintorescos, bonitos y
acariciables.
Más Donny Osmond que señor de la
oscuridad.
Por otra parte, Wrath más que
compensaba por eso.
De repente, Qhuinn bajó sus ojos
desiguales hacia la alfombra Aubusson. No necesitaba mirar a quién estaba de
pie en el lado más lejano a la reina.
¡Ah, infiernos!
Su visión periférica funcionaba
demasiado bien esta noche.
Su puto primo, su chupapollas,
vistiendo un traje Montblanc-levanta-el-culo, primo Saxton el Magnífico, estaba
de pie junto a la reina, parecía una combinación entre Cary Grant y algún
modelo de un maldito anuncio de colonia.
No es que Qhuinn estuviera amargado.
Porque el tío estuviera compartiendo
la cama de Blay.
Nah.
Nope. No, en absoluto.
El chupapollas…
Con una mueca de dolor, pensó que
tal vez debería cambiar ese insulto a algo que tuviera un poco menos que ver
con lo que ambos…
Dios, ni siquiera podía ir por ahí.
No si quería seguir respirando.
Blay también estaba en la
habitación, pero el tío permanecía lejos de su amante. Él siempre lo hacía. Ya
fuera en estas reuniones, o fuera de ellas, nunca se mantenían a menos de un
metro de distancia.
Lo cual era lo único que lo salvaba
por tener que vivir en la misma casa que la parejita. Nadie los veía besándose
o incluso cogidos de la mano.
Aunque… no era como si Qhuinn no se
mantuviera despierto durante el día de todas formas, torturándose con todo tipo
de mierdas del Kama Sutra…
La puerta del estudio se abrió y
Tohrment entró arrastrándose. Tío, parecía como si le hubieran lanzado de un
coche en marcha en la carretera, sus ojos eran como dos agujeros de meadas en
la nieve, su cuerpo se movía con rigidez cuando se acercó para colocarse al
lado de John y Xhex.
Tras su entrada, la voz de Wrath se
impuso a las de los convocados, silenciándolos. – Ahora que estamos todos, voy
a dejar las gilipolleces y vamos a darle vueltas al asunto que nos trae
Rehvenge. No tengo ninguna noticia al respecto, así que será más eficaz que nos
informes tú.
Cuando los Hermanos empezaron a
murmurar, el enorme hijo de puta, Mohawked, puso su bastón en el suelo y se
levantó. Como de costumbre, el mestizo iba vestido con un traje negro a rayas –
Dios, Qhuinn estaba empezando a aborrecer todo aquello que llevara solapas – y
un abrigo de piel para mantenerse caliente. Con sus tendencias symphath bajo
control, gracias a las inyecciones regulares de dopamina, sus ojos eran
violetas, y normalmente malvados.
Normalmente. En realidad no era
alguien a quien quisieras tener de enemigo, y no sólo porque, como Wrath, era
el líder de su pueblo: Por el día trabajaba siendo el rey de la colonia
symphath en el norte. Las noches las pasaba aquí con su shellan, Ehlena,
viviendo la vida vampira. Y nunca mezclaba las dos facetas de su vida.
No hacía falta decir que era un
activo de gran valor para la Hermandad.
– Hace varios días, una carta fue
enviada a todos los cabezas de los linajes que quedan. - Introdujo la mano en el abrigo de piel y sacó
una hoja doblada de lo que parecía ser un antiguo pergamino. – Correo
ordinario. Manuscrita. En la Antigua Lengua. La mía tardé un tiempo en
recibirla porque me la enviaron primero al Gran Campamento del norte. No, no
tengo ni idea de cómo llegaron a conseguir la dirección, y sí, me han
confirmado que todo el mundo ha recibido una.
Apoyando su bastón contra el
delicado sofá en el que había estado sentado, abrió el pergamino con las puntas
de sus dedos, como si no le gustara la sensación que le transmitía la cosa.
Luego, con una voz suave y profunda, leyó cada frase en el idioma antiguo en el
que había sido escrita.
Mi viejo y querido amigo,
Le
escribo para informarle de mi llegada a la ciudad de Caldwell con mis soldados.
A pesar de que hace ya mucho tiempo desde que coincidimos en el Viejo
Continente, los terribles acontecimientos que han ocurrido en los últimos años
con el actual gobierno nos han hecho imposible el permanecer, sin cargos de
conciencia, donde ya teníamos establecido nuestro hogar.
Como
quizás ya habrán oído por parte de sus parientes extranjeros, nuestros grandes
esfuerzos han erradicado la Sociedad Restrictiva en nuestra tierra patria, lo
que hace seguro para nuestra noble raza prosperar en paz y seguridad allí. Por
ello, es el momento de traer este fuerte brazo de protección hasta este lado
del océano – ya que la raza de este lado ha sufrido pérdidas insostenibles, las
cuales quién sabe si podrían haberse evitado si hubiéramos llegado antes.
No
pido nada a cambio de nuestro servicio a la raza, aunque me gustaría tener la
oportunidad de reunirme con vos y el Consejo – aunque sólo sea para expresar
mis más sinceras condolencias a todos los que han sufrido alguna pérdida desde
los ataques. Es una lástima que las cosas hayan llegado a esto – las noticias
sobre ciertos sectores de nuestra sociedad son realmente tristes.
Con el más amable respeto,
Xcor.
Cuando Rehv acabó de leer, dobló el
papel y lo guardó. Nadie dijo nada.
– Esa fue también mi reacción, -
murmuró con sequedad.
Eso abrió las puertas, todo el mundo
comenzó a hablar a la vez, las maldiciones fluían variadas y en abundancia.
Wrath pegó un fuerte golpe con el
puño sobre el escritorio que hizo que la lámpara saltara, y George se escondió
debajo del trono de su amo. Cuando finalmente se restableció el orden, era
parecido a un semental manteniendo un leve control; una frágil tregua, más como
una pausa en el corcoveo y el encabritamiento que una verdadera calma.
– Por vuestra reacción, entiendo que
el bastardo estuvo anoche por ahí, - dijo Wrath.
Tohrment habló. – Nos encontramos
con Xcor, sí.
– Así que esto no es una broma.
– No, pero fue escrita por otra
persona. Él es analfabeto…
– Yo le enseñaré a leer al cabrón, -
murmuró V. – Empezaré por meterle la Biblioteca del Congreso por el culo.
Cuando los gruñidos de aprobación
amenazaron con convertirse en otro tipo de estallidos más elocuentes, Warth
volvió a golpear su escritorio. – ¿Qué sabemos sobre su banda?
Tohr se encogió de hombros. –
Suponiendo que continúen siendo los mismos, son un total de cinco. Tres primos.
Esa estrella porno Zypher…
Rhage carraspeó ante eso. Era
evidente que, aunque ahora estaba muy felizmente apareado, sentía que en la
raza había una, y sólo una, leyenda del sexo – y ese era él.
– Y Throe estaba con él en el
callejón, - dijo Tohr como de pasada. – Mira, no voy a mentir… está claro que
Xcor está actuando en contra…
Cuando no terminó la declaración,
Wrath asintió. – Mí.
– Lo que significa que nosotros…
– Nosotros…
– Nosotros…
Más voces de las que se podían
contar pronunciaron la palabra, una sola palabra que provenía de todos los
rincones de la sala, desde cada cojín, desde cada plano de la pared contra el
que alguno estaba apoyado. Y ese era el asunto. A diferencia del padre de
Wrath, este rey había sido primero luchador y Hermano – por lo que los lazos
que se habían formado no eran a causa de algún artefacto prescrito por el
deber, sino por el hecho de que Wrath había luchado junto a todos ellos en el
campo de batalla y les había salvando el culo personalmente en un momento u
otro.
El rey sonrió un poco. – Agradezco
el apoyo.
– Tiene que morir. – Cuando todo el
mundo miró a Rehvenge, el tío se encogió de hombros. – Simple y llanamente. No
vamos a enrollarnos con gilipolleces sobre reuniones y protocolo. Simplemente
vamos a eliminarlo.
– ¿No crees que eso es un poco
sanguinario, comedor de pecados? – Dijo Wrath arrastrando las palabras.
– De un rey a otro, sé que te estoy dando el
dedo del medio en estos momentos. – Y siguió, con una sonrisa. – Los symphaths
somos conocidos por muestra eficacia.
– Sí, y puedo sentir donde quieres
ir a parar. Desafortunadamente, la ley establece que tiene que atentar contra
mi vida antes de que pueda enterrarle.
– Hacía ahí es donde va esto.
– De acuerdo, pero nuestras manos
están atadas. Mi orden de asesinato hacia lo que, a todas luces, es un hombre
inocente no iba a ayudarnos ante los ojos de la glymera.
– ¿Por qué tendrías que estar
asociado con la muerte?
– Y si ese bastardo es inocente, –
soltó Rhage, – Yo soy el puto conejo de Pascua.
– Oh, dios, - bromeó alguien. – Te
voy a llamar Hop en vez de Hollywood a partir de ahora.
– La Bestia Bo Peep, - dejó caer
otro.
– Podríamos ponerte en un anuncio de
Cadbury y por fin sacar algo de dinero…
– Tíos, – ladró Rhage, – el punto
está en que él no es inocente y que no soy el Conejo de Pascua…
– ¿Dónde está tu cesta?
– ¿Puedo jugar con tus huevos?
– Sal brincando, grandullón...
– ¿Vais dejar ya esta mierda? ¡En
serio!
Mientras varios comentarios sobre si
tenía la cola blanca fueron lanzados como si fuera gelatina en una guerra de
comida, Wrath golpeó el escritorio un par de veces más. Era obvio de dónde
provenía el humor: La tensión era tan alta que, si no encontraban una válvula
de escape, la mierda iba a ponerse seria rápidamente. Esto no quiería decir que
la Hermandad estuviera descentrada; en todo caso, todos se sentían igual que
Qhuinn – como si les hubieran pegado un puñetazo en el estómago.
Wrath era la fábrica de vida, la
base de todo, la supervivencia, el aparato respiratorio de la raza. Después de
los brutales ataques por parte de la Sociedad Restrictiva, lo que quedaba de la
aristocracia había huido de Caldwell a sus hogares seguros fuera de la ciudad.
La última cosa que necesitaban los vampiros era fragmentarse aún más,
especialmente por un derrocamiento violento del legítimo gobernante.
Y Rehv tenía razón: Hacía ahí era
donde se encaminaban. Diablos, incluso Qhuinn podía imaginarse el plan: Primer
paso, crear dudas en las mentes de la glymera sobre la capacidad de la
Hermandad para proteger la raza. Segundo paso, llenar el “vacío” en el campo de
batalla con los soldados de Xcor. Paso tres, crear aliados en el Consejo y
aumentar la ira y la desconfianza por el rey. Paso cuarto, destronar a Wrath y
capear el temporal. Paso cinco, autoproclamarse como el nuevo líder.
Cuando el orden en el estudio fue
finalmente restablecido, Wrath parecía completamente asqueado. – Al próximo
gilipollas bocazas que me haga tener que dar otro golpe al escritorio, lo voy a
mandar a la mierda. – Después de eso, se agachó, recogió al asustado retriever
de cuarenta kilos, y colocó a George en su regazo. – Estáis asustando a mi
perro y eso me cabrea.
Cuando el animal asomó su gran
cabeza cuadrada por el hueco del brazo del rey, Wrath acarició todo el pelaje
rubio y sedoso. Era realmente extraño, como el tremendo vampiro de aspecto
cruel calmaba a ese perro hermoso y suave, pero los dos tenían una relación
simbiótica, confianza y un amor tan espeso como la sangre en ambos sentidos.
– Ahora, si estáis listo para ser
razonable, – dijo el rey, – os diré lo que vamos a hacer. Rehv va a entretener
al tío tanto tiempo como le sea posible.
– Sigo pensando que deberíamos
apuñalarlo en su ojo izquierdo, - murmuró Rehv, - pero como alternativa,
tenemos que mantenerlo en su lugar. Él quiere ver y ser visto, y como leahdyre
del Consejo, le puedo dar evasivas hasta cierto punto. Su voz murmurando en los
oídos de la glymera no es lo que necesitamos en estos momento.
– Mientras tanto, – anunció Wrath, –
Voy a salir y me reuniré personalmente con los cabeza de família, en su propio
terreno.
Después de esto, hubo una explosión
en la sala, sin dar importancia a su anterior advertencia: Todos los presentes
saltaron de sus asientos, echando mano a las dagas.
Mala idea, pensó Qhuinn,
coincidiendo con los demás.
Wrath dejó que se desahogaran
durante un minuto, como si lo hubiera estado esperando. Luego, volvió a tomar
el control de la reunión. – No puedo esperar que me apoyen si no me lo gano… y
no he visto personalmente a algunas de esas personas desde hace décadas, si no
son siglos. Mi padre se reunía con esa gente cada mes, cuando no eran todas las
semanas, para resolver los conflictos.
– ¡Tú eres el rey! – soltó alguien.
– No necesitas hacer esa mierda…
– ¿Ves esa carta? Es el nuevo orden
mundial… si no respondo rápidamente con hechos, estaré cavándome mi propia
tumba. Mirad, mis hermanos, si estas en el campo de batalla, apunto de
enfrentarte con el enemigo, ¿te distraerías con el paisaje? ¿Te tumbarías
relajado a observar el trazado de las calles, los edificios, los coches, o si hace
calor o frío, llueve o no? No. Entonces, ¿por qué debería joderme que la
tradición sea algo en lo que pueda refugiarme después de un tiroteo? En tiempos
de mi padre… esa mierda era un chaleco antibalas: ¿Ahora? Es una hoja de papel,
amigos. Tenéis que entender eso.
Hubo un largo periodo de silencio, y
entonces todo el mundo miró a Tohr. Como hacían siempre que la mierda se volvía
peliaguda.
– Él tiene razón, - dijo el Hermano
con brusquedad. Después se centró en Wrath. – Pero tienes que entender que no
te dejaremos hacer esto solo. Tendrás que llevar a dos o tres de nosotros
contigo. Y las audiencias personales tienen que ser escalonadas en varios meses,
haciéndoles un hueco demasiado apretado y aparentando estar muy ocupado, pero
más a su alcance, no quiero que nadie se organice para atentar contra ti. Los
lugares deben ser preseleccionados por nosotros y... – En ese momento, se
detuvo para echar un vistazo a su alrededor. – Tienes que ser consciente de que
vamos a tener el gatillo fácil. Dispararemos a matar cuando tu vida esté en
peligro, ya sea por una hembra o un macho o un doggen o el cabeza de una
familia. No vamos a pedir permiso, o simplemente herirlos. Si puedes vivir con
esas condiciones, te dejaremos hacerlo.
Nadie más podría haber establecido unas
reglas como esas y caminar sin cojear después: El rey daba órdenes a la
Hermandad, no a la inversa. Pero este era el nuevo mundo, como Wrath había
dicho.
El macho en cuestión apretó los
molares durante un momento. Después soltó un gruñido. – De acuerdo.
Cuando una exhalación colectiva
golpeó el ambiente, Qhuinn se encontró mirando a Blay. Oh, demonios, hablando
de una zona de demolición – este era el por qué evitaba al tío como a la peste.
Sólo un vistazo y se quedaba bloqueado, todos los tipo de reacciones posibles
rodando por su interior, hasta que la habitación giró un poco…
Sin motivo alguno, los ojos de Blay
miraron hacia arriba y se encontraron con los suyos.
Fue como ser azotado en el culo con
un cable de alta tensión, su cuerpo se convulsionó hasta el punto de tener que
esconder la reacción con una tos falsa mientras miraba hacia otro lado.
Algo que pareció tan natural como un
cráter. Sip. Fantástico.
–… y mientras tanto, – continuaba diciendo Wrath, – Quiero saber donde se alojan estos soldados.
– Yo puedo encargarme de eso, – Xhex
opinó, – Especialmente si les ataco durante el día.
Todas las cabezas se volvieron hacia
ella. A su lado, John se puso rígido de pies a cabeza, y Qhuinn maldijo entre
dientes.
Hablando de confrontaciones… excepto
que, ¿ese par no acababa de tener una?
Tío, a veces se sentía realmente
feliz por no tener una relación.
****
Otra vez no, pensó John para sí
mismo. Por el jodido infierno, acababan de volver a estar como antes, ¿y ahora
esto?
Si antes pensaba que luchar codo con
codo junto a Xhex era un problema, la idea de que intentara infiltrarse en el
cuartel de la Banda de los Bastardos lo mandó al borde de un ataque de nervios.
Cuando dejó caer la cabeza contra la
pared, se dio cuenta de que todo el mundo y el perro lo miraban fijamente.
Literalmente, incluso los ojos marrones de George estaban enfocados en su
dirección.
– Me tomáis el pelo, – dijo Xhex. –
Me estáis jodidamente tomando el pelo.
Incluso después de que ella hablara,
nadie la miraba. Se trataba de John: Era evidente que, como era su hellren,
ellos buscaran su aprobación – o no – sobre lo que se había propuesto allí.
Y John parecía no poder moverse,
atrapado en el frío atolladero entre lo que quería y donde no quería que
terminaran.
Wrath se aclaró la garganta. –
Bueno, esa es una amable oferta…
– ¿Una oferta amable? – Escupió. – ¿Cómo si
estuviera invitándote a cenar?
Di algo, se dijo. Levanta tus
temblorosas manos y dile… ¿Qué? ¿Que estaba de acuerdo con que fuera al encuentro de seis machos sin
ninguna preocupación? ¿Después de lo que Lash había hecho con ella? ¿Y si la
capturaban y…
¡Oh, Jesús!, estaba sufriendo un
colapso nervioso aquí mismo. Sí, era dura, fuerte y capaz. Pero también era tan
mortal como cualquiera. Y sin Xhex, no quería continuar viviendo en este mundo.
Rehvenge agarró el bastón y se
levantó. – Ven conmigo y hablemos…
– ¡¿Cómo dices?! – Dijo Xhex fuera
de sí. – ¿Hablar? ¿Qué acaso soy yo la única que necesita un reajuste mental?
Sin ánimo de ofender pero, ¡que te jodan, Rehv! Tu grupito es el que me necesita
para hacer lo que pueda para ayudar.
Mientras todos los otros machos en
la habitación comenzaron a mirar sus shitkickers y mocasines, el symphath negó
con la cabeza. – Ahora las cosas son diferentes
– ¿Cómo?
– Vamos, Xhex…
– ¿Estás loco? Sólo porque mi nombre
esté en su espalda, ¿Me convierto de repente en una prisionera o alguna mierda
por el estilo?
– Xhex…
– Oh, no, no, puedes irte a la
mierda con ese tono de se-razonable. – Miró a los machos, y luego se centró en
Beth y Payne. – No sé cómo las dos podéis aguantarlo… de verdad que no lo
entiendo.
John estaba intentando pensar en lo
que podía decir para evitar el choque, lo que era una pérdida de tiempo. Los
dos trenes ya habían colisionado y habían expulsado metales retorcidos y humeantes
piezas del motor por todas partes.
Sobre todo cuando Xhex se dirigió
hacia la puerta como preparándose para capturarlo ella sola simplemente para
probar que tenía razón.
Cuando fue a seguirla, ella lo
mantuvo en su lugar con una mirada dura. – Si vas a seguirme por cualquier otra
razón que no sea para dejarme ir detrás de Xcor, puedes quedarte donde estas.
Porque estas de parte de ese grupo anacrónico de misóginos. No de la mía.
Levantando las manos, gesticuló, no es malo el querer mantenerte a salvo.
– Esto no es sobre la seguridad… se
trata del control.
¡Gilipolleces! Resultaste herida hace menos de veinticuatro horas…
– Bien. Tengo una idea. Quiero mantenerte a
salvo… así que, ¿Qué tal si dejas de luchar? – Ella miró a Wrath por encima del
hombro. – ¿Estas de acuerdo, mi lord? ¿Y el resto de tontos? Vamos a ponerle la
farda y las medias a John, ¿vale? Vamos, apoyareis a mi culo. ¿No? ¿No crees
que esto debería ser “justo”?
El temperamento de John estalló, y
él… no tenía intención de hacer lo que hizo. Sólo sucedió.
Dio un pisotón, creando un ruido
atronador, y señaló directamente a… Tohr.
Incomodo. Horrible. Silencio.
Como si él y Xhex no solo hubieran
aireado su ropa sucia enfrente de todos, sino que habían lanzado sus calcetines
y camisas manchados de sudor sobre la cabeza de Tohr.
¿En respuesta? El Hermano solo cruzó
sus brazos sobre el pecho y asintió con la cabeza, una vez.
Xhex negó con la cabeza. – Tengo que
salir de aquí. Tengo que aclarar mis ideas. John, si sabes lo que es bueno para
ti, no me sigas.
Y después de eso, se fue.
Tras todo esto, John se frotó la
cara, apretándola tan fuerte con las palmas que parecía como si quisiera
reorganizar sus facciones.
– ¿Qué os parece si todos os
marcháis por esta noche?, – dijo Wrath en voz baja. – Quiero hablar con John.
Tohr, tú te quedas.
No necesitó preguntarlo dos veces.
La Hermandad y los otros salieron del despacho como si alguien estuviera en el
jardín robándoles los coches.
Beth se quedó. Al igual que George.
Cuando las puertas se cerraron, John
miró a Tohr. Lo siento mucho…
– Nah, hijo. – El macho dio un paso
adelante. – Yo tampoco quiero verte en mi lugar.
El Hermano puso sus brazos alrededor
de John, y John hizo lo mismo, derrumbándose sobre el antes enorme cuerpo… que
no obstante fue capaz de sostenerlo.
La voz de Tohr era firme en su oído:
– Está bien. Te tengo. Todo está bien…
John colocó la cabeza de lado y se
quedó mirando la puerta por la que había salido su shellan. Quería ir tras ella
con cada fibra de su ser – pero esas fibras eran también las que los estaban
destrozando. En su mente, entendía todo lo que ella quería decir, pero su
corazón y su cuerpo se regían por algo ajeno a todo eso, algo más grande y más
primordial. Y que lo reemplazaba todo.
Era un error. Una falta de respeto.
Pasado de moda de una manera que nunca pensó que fuera posible. No creía que
las mujeres debieran ser prisioneras, y confiaba en su compañera, y la quería…
Para estar seguro.
Punto.
– Dale algo de tiempo, – murmuró
Tohr, – e iremos tras ella, ¿de acuerdo? Tú y yo iremos juntos.
– Buena idea, – dijo Wrath, – porque
ninguno de los dos va a salir a luchar esta noche. – El rey levantó sus palmas
para zanjar la discusión. - ¿De acuerdo?
Eso los silenció a ambos.
– Entonces, ¿Estás bien? – le
preguntó el rey a Tohr.
La sonrisa del Hermano no fue cálida
en lo más mínimo. – Ya estoy en el infierno… la mierda no se va a poner peor
sólo porque me use como un ejemplo de lo que no quiere ser.
– ¿Estás seguro de eso?
– No te preocupes por mí.
– Es más fácil de decirlo que de
hacerlo. – Wrath movió su mano, como si no quisiera ir más allá en ese tema. -
¿Terminamos la sesión?
Cuando Tohr asintió y se volvió
hacia la puerta, John hizo una reverencia a la Primera Familia y luego fue tras
el macho.
No tuvo que correr demasiado. Tohr
lo estaba esperando en el pasillo. – Escúchame… no pasa nada. Lo digo en serio…
Yo solo… lo siento, señalizó John. Por todo. Y…mierda,
echo de menos a Wellsie… la echo de menos de verdad.
Tohr parpadeó por un momento.
Después, en voz baja, dijo, – Lo sé, hijo. Sé que tú también la perdiste.
¿Crees que le habría gustado Xhex?
– Claro. – La sombra de una sonrisa
apareció fugazmente en su duro rostro. – Sólo la vio una vez, y fue hace mucho
tiempo y, aunque fueron frías la una con la otra, si hubiera habido tiempo… se
habrían llevado estupendamente. Y chaval, en una noche como esta, podríamos
haber utilizado el apoyo femenino.
Muy bien, dijo John,
mientras trataba de imaginarse acercándose a Xhex.
Por lo menos podía adivinar dónde
iba a ir: de vuelta a su casa en el río Hudson. Ese era su refugio, su espacio
privado. Y cuando se presentara en la puerta de su casa, sólo podía rezar para
que no lo echara de allí con una patada en el culo.
Pero tenían que resolver esto de
alguna manera.
Creo que será mejor que vaya solo, dijo John. Es
probable que esto se ponga feo.
Más que feo, pensó.
– Me parece justo. Sólo que sepas
que estoy aquí por si me necesitas.
¿No era eso siempre lo lógico?,
pensó John cuando se separaron. Casi como si se conocieran el uno al otro desde
hace siglos, en lugar de simplemente unos pocos años. Por otra parte, supuso
que era lo que pasaba cuando se tropezaba con alguien con quien era realmente
compatible.
Me sentía como si hubiese estado
siempre con ellos.